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Editorial
[El “indie” en México… tan cerca de la “industria” y tan lejos de su realidad]
El “indie” en México… tan cerca de la “industria” y tan lejos de su realidad
Por Julián Woodside Periodista y colaborador de WARP Publicado el Lun 6 enero, 2014

NOTA: Lo que a continuación se expone se puede interpretar como una generalización resultado de infinidad de pláticas con músicos en los últimos años, por lo que no refleja una opinión en particular, sino que busca servir como mapeo de cómo se concibe la independencia musical en México. Hago esta aclaración ya que sin duda conozco a MUCHOS músicos que no entrarían en estos casos.

En menos de un mes ha habido al menos cuatro encuentros donde se ha puesto sobre la mesa el tema de la independencia: la Feria Interactiva de Revistas y Publicaciones Periódicas Independientes (FIRPPI) en Casa Refugio Citlaltépetl, el foro La Cultura Independiente y los Medios de Comunicación en la Pulquería Los Insurgentes, el 1er Encuentro Internacional de Música Independiente (EIMI) en el Deportivo Plan Sexenal, y el 1er Encuentro de Músicos Independientes en el Multiforo Alicia. Esto me pone a pensar que, más allá de discutir sobre qué entendemos como “independencia” hoy en día (ya sea una forma de autogestión o una etiqueta de marketing), lo importante sería preguntarse ¿qué significa ser “independiente” en México?

Aquí no partiré de la idea de tradicional de “independencia”, pues en ese caso no quedaría duda que escenas como la banda, los sonideros y el rock urbano son netamente independientes. No, aquí se hablará del curioso caso del “indie”, el cual consiste de la música popular alternativa que muestra un conflicto de identidad: se define a partir de un discurso de “hermano menor” de la industria discográfica tradicional, pero busca distinguirse de ésta mediante una bandera de “independencia”. Por esta razón se incluirán aquí a géneros como rock, pop, folk, electrónica, punk, metal, hip hop, jazz, blues, noise, etc., aclarando que a su vez en cada uno de estos géneros en el país existen escenas netamente independientes.

Antes de empezar es importante aclarar que en México ha habido históricamente muchas iniciativas por “fomentar lo independiente”, sin embargo pareciera que muchas cosas no han cambiado en décadas. Por esta razón comparto una serie de cuestiones que identifico como “problemas” del ser independiente (o más bien “indie”) en México:

1. Hay mucha contradicción y poca autocrítica

Pareciera que el “indie” mexicano es el hijo bastardo de la industria musical “major”, pues abiertamente desconoce los logros de independencia de escenas como la banda, el rock urbano y los sonideros, negando su contexto inmediato, mientras que busca emular el sueño guajiro “a la VH1 o MTV” de ser reconocido sólo por su talento y creatividad. Claro que esto no tiene nada de malo, sin embargo el problema radica en mantener un discurso contradictorio donde por una parte busca deslindarse de la industria establecida mediante frases como “es importante generar espacios y maneras propias”, pero a la vez exige reconocimiento y atención de la misma con frases como “es que no hay apoyo”, “no nos abren las puertas”, “no nos pelan”, etc.

Así mismo, en la “retórica del indie mexicano” no deja de hablarse de “los de abajo” y “los de arriba”, siempre tomando como vara de medición la industria transnacional. ¿Y si en lugar de reforzar una verticalidad aspiracional habláramos de un camino paralelo? Tal vez así se podría dejar de ser “el hermano menor que quiere pertenecer”, pues ya lo dijo Sergio Andrade: “el “indie” mexicano reproduce y depende de los modelos de las disqueras transnacionales, mientras que los artistas que realmente desarrollan sus propios modelos viven en lo que se podría denominar como cierto tipo de “marginalidad””.

2. No se tiene claro un objetivo

No confío en un músico que dice “es que lo hago por la música”. Pensémoslo, es como si un economista dijera “lo hago por la economía”, o un escritor “lo hiciera por la literatura”. Si necesita reafirmar esa idea es porque algo le genera inseguridad. Sin embargo, ya habiendo tomado la decisión de “hacerlo por la música” sería honesto, creo yo, preguntarse realmente cuál es su objetivo: “compartir lo que hace”, “transmitir un mensaje”, “divertirse”, “sonar en los medios”, “hacer dinero”, etc.; cualquier decisión es válida, y la música tiene múltiples funciones (tanto superficiales como profundas). Pero teniendo claro el objetivo el camino es más sencillo, tal como lo argumentaron los Timelords en su “Manual para tener un #1 de manera fácil”.

Sin embargo, no falta el músico “alternativo” que se queja porque no le abren espacios masivos. Vaya, si un músico hace música no masiva es lógico entender que no se masifique (aunque tenga plena seguridad de que su propuesta haría de este un mundo mejor). Claro que no es imposible lograrlo, pues los gustos masivos cambian, por eso si bien antes el metal era “under”, ahora hay un festival como el Wacken Open Air que reúne a miles de metaleros de distintas partes del mundo, e incluso encontramos productos “pop” como éste:

En fin, pareciera que el músico “indie” quiere todo: ser escuchado y reconocido por su mensaje, que la gente lo admire, poder vivir de tocar en vivo y vender discos, y no tener compromisos creativos con nadie. Eso es… difícil, aunque no imposible (y la historia nos muestra que muchos músicos “independientes” en realidad no lo fueron tanto), pero hay que saber dónde se está parado.

3. El público es el último en ser considerado

Se escuchan múltiples quejas sobre “la industria”, e historias de cómo los músicos heroicamente “la armaron a pesar de…”. Pero muy pocas veces se habla de los principales promotores de una banda independiente: el público. Los seguidores, ya sea de forma individual, o mediante “street armies”, son el principal sustento (después de la composición) para que eso que se llama “música” pueda existir. Sin embargo, en los debates sobre la independencia (y los logros musicales alternativos en general) el público siempre queda en último lugar (como ejemplo basta ver el soberbio ego trip llamado “Gimme the Power”, donde Molotov y compañía aplauden el “esfuerzo” de periodistas, productores, medios, y ellos mismos, pero dejan de lado a toda una generación que puso sin parar sus canciones en fiestas y reuniones). Es así que pareciera que el músico “indie” está dispuesto a traicionar en cualquier momento a su público con tal de sonar en la radio, en lugar de fomentar que sea el público quien ejerza la presión en los medios (levante la mano quien conozca a músicos a quienes es más fácil encontrar en fiestas de medios y marcas en lugar de un escenario… o/)

Sin duda el tema de la construcción de públicos es complejo, pero hay cosas que son claras (aunque generen descontento):

- ¿Que los bares condicionan el que no se toque en la zona cierto número de días antes o después de una presentación? Respuesta: se ha generado poco público y está centralizado, si se toca 10 veces al mes en la Condesa no es negocio para nadie.

- ¿Piden que se vendan boletos para las tocadas? Respuesta: estamos hablando de negocio (creativo, pero negocio), no de caridad. Si uno hiciera su labor con el público esto no debería ser un problema (aunque me odien varios amigos :/). Sin duda las condiciones de varios promotores y bares son infrahumanas, pero también las bandas tienen que ganarse el derecho de piso en la escena para abrirse puertas.

- ¿Que no hay foros para hacer giras en la República? Respuesta: si, no hay tantos, pero giras se pueden hacer. Un caso muy interesante es el de las tocadas que armaron por toda la república bandas como Thermo, Kill Aniston, Hummersqueal, etc., quienes hace unos años ubicaron a gente que organizaba fiestas caseras en distintos estados y generaron una muy buena red de públicos, por lo que pudieron exigir después otro tipo de espacios.

- ¿Qué la gente no va a las tocadas? Respuesta: tocar después de las 11 de la noche, en bares con covers costosos y en zonas relativamente elitistas, hace prácticamente imposible el acceso a menores de edad que no tienen el dinero (ni la edad) y a aquellos que se mueven en transporte público o viven lejos. Por eso el público termina siendo los mismos amigos músicos que tocarán antes o después de uno, pues son los únicos que aceptan las condiciones que imponen las bandas “indie” para ser escuchadas en vivo hoy en día.

Si bien el tema es muy complejo, e implica la necesidad de construir redes de colaboración entre artistas, medios, diseñadores, foros y promotores, etc., recomendaría ver el documental “Pura vida!” de Mano Negra, pues ilustra de manera interesante el proceso de construcción de públicos:

4. Hay mucha discriminación y prejuicios

A estas alturas identifico algo que podría denominarse como “neocriollismo” en la cultura (aunque suene rimbombante), pues pareciera que el músico “indie” rechaza todo a su alrededor y aspira siempre a algo ajeno. Esto lo digo ya que por un lado reniega de la influencia y contacto con los géneros musicales locales (basta ver las reacciones y críticas cada vez que se anuncia un cartel del Vive Latino), y por otro lado aspira a las supuestas realidades (mediatizadas) de otras latitudes, ignorando variables sociales, económicas y comerciales (e idealizando lo que ocurre en otros países). Lo anterior genera múltiples formas de discriminación y prejuicios (que ojo, no se trata de fomentar patriotismos ni nacionalismos, pues también hay que ser críticos, pero de manera justificada):

- Fundamentalismos. ¿Cuántas veces no hemos escuchado “el rock (o cualquier género) se debe tocar de X forma” o frases similares? ¿No que es por la música y la creatividad?

- Incongruencia. Se crece escuchando música en inglés pero se critica si una banda local canta en dicho idioma (que en realidad no tiene nada de malo). Claro, excepto si uno es el artista que lo hace, pues entonces se justifica bajo el “es para acceder a los mercados internacionales” (que como dato curioso, el idioma más hablado en el mundo es el chino, y no los veo haciendo canciones en chino, y el español es la tercer lengua más hablada en el mundo después del inglés, por lo que no está limitado el asunto).

- Discriminación. No importa que otras escenas como la de los sonideros o el rock urbano sean también “los de abajo” y hayan construido industrias sustentables; para los músicos “indie” son otro tipo de “enemigo”, o en su defecto, son “nacos”.

- Resentimiento. No importa que otros grupos vengan “de abajo” como Allison, Zoé o Carla Morrison, si la arman en grande “son unos vendidos”, aunque los conocieran tocando en bares, cocheras y fiestas. (Claro, si ocurre lo mismo con una banda extranjera se justifica pues ellos “han llegado hasta donde están por su trabajo”).

- Esquizofrenia cultural. No deja de sorprenderme la cantidad de músicos que se quejan de que no ocurre nada en México y cada fin de semana tocan con otros proyectos locales. O peor todavía, las bandas que se quejan de que no hay apoyo pero nunca van a una tocada de sus colegas (salvo si los anotan en la lista), ni mucho menos que vean en retrospectiva lo que se ha hecho por su respectiva escena en el país.

5. Y lo más importante: falta profesionalización

Hay una problemática central en todo esto: falta profesionalización. Ser músico no deja de ser un trabajo, creativo, pero trabajo (o proyecto de vida) al final de cuentas. Por lo que si se quiere vivir de ser músico se tiene que saber de qué va el asunto, ya que el conformismo es el peor enemigo de la creatividad. ¿A qué me refiero con esto? No se trata de “caer en las garras del capitalismo para producir y ser redituable”, ni “prostituir el arte” como algunos dicen. Simplemente hoy en día (y desde hace siglos) la música no consiste sólo en tocar bien un instrumento, sino de saber cuestiones de grabación, producción, ingeniería, marketing, promoción, historia, diseño, relaciones públicas, legislación, etc. Claro, sin duda ser virtuoso en un instrumento puede facilitar las cosas, pero se está empezando a reconocer que lo anterior es necesario para subsistir en el medio: se lleva a cabo de manera inconsciente en algunos casos, o conscientemente por managers o los mismos músicos.

Por esta razón me refiero a la profesionalización como el comprender el panorama, situación y contexto del gremio (sin duda un acercamiento integral muy interesante ha sido el de “Factoría 360” de la Delegación Miguel Hidalgo. Se trata entonces de identificar cómo es que diversos artistas han logrado desarrollar escenas independientes en el país y después entender las dinámicas particulares de la industria musical en México (como la existencia de “padrinos” en la música banda, la apropiación de la calle y espacios públicos por parte de los sonideros, o la distribución del rock urbano, la cual permite ventas por encima de las 200 mil unidades). Así mismo, es necesario que los músicos “indie” le echen menos la culpa “al equipo”, “al lugar” o a la “industria”, y empiecen a comprender qué es lo que pueden hacer para sacar la casta con lo que se tiene a la mano (claro, no por eso justificar maltratos, injusticias y situaciones precarias). Pues pareciera que gran parte de los involucrados en el “indie” mexicano (promotores, foros, músicos y periodistas) prefieren justificar su condición y precariedad antes que poner realmente manos a la obra, ocasionando que cada generación carezca de autocrítica y del conocimiento desarrollado previamente.

Para concluir, es importante comprender lo antes expuesto para salirnos del “loop” autojustificado del “indie” mexicano, pues solo así podremos entonces abordar los verdaderos problemas de los músicos y la industria musical en México:

- Huecos legales en cuestiones de derechos de autor

- Falta de seguridad social y respaldo legal

- Lobbying o cabildeo de las disqueras y la industria internacional en las políticas locales

- Monopolios, centralización y sabotajes comerciales

- Carencia de agenda y estrategias culturales a mediano y largo plazo

- Corrupción y nepotismo

- Secuestros, violencia e inseguridad a nivel nacional

- Falta o pérdida de registros, historia, documentación e investigación

- Etcétera.

Sí, aquí se han escrito muchas generalizaciones, pero no se puede negar que han sido pronunciadas o escuchadas en varios momentos, por lo que un mapeo puede ser el primer paso para entenderlas. La realidad es que así como la música tiene múltiples funciones, el artista puede aproximarse a la creatividad de miles de formas, pero no por eso deja de ser importante conocer el panorama general, y confrontarlo.

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